sábado, 10 de noviembre de 2012

¿Es el empleo un sistema obsoleto en la actualidad?



“La emancipación siempre llega puntual, llegar tarde a esa cita sería un pecado”

Con la consolidación de las tecnologías digitales como un pulso omnipresente en nuestra cotidianidad, las estructuras sociales, los patrones culturales y los conceptos rectores de la psique colectiva han experimentado una transformación tan radical y acelerada que quizá seamos parte de la mayor revolución sociocultural de la historia humana. 
Y al igual que toda transformación, este proceso ha cobrado múltiples “víctimas”, es decir, aquellas instituciones, sistemas y organismos que no son capaces, por su propia naturaleza o por simple abstinencia, de sintonizarse con las pautas del actual escenario. Y entre estas “víctimas” podemos considerar la pérdida de miles de negocios y millones de empleos que han dejado de ser relevantes para las tendencias socioeconómicas que rigen esta nueva realidad.
Un caso interesante es el de las oficinas de correo, que año con año, desde hace una década, han visto cómo el número de usuarios que recurren a sus servicios va desplomándose. En el caso de la oficina estadounidense de correos, el U.S. Postal Service, ha perdido tantos usuarios que incluso se maneja la posibilidad de su cierre en el corto plazo, lo cual dejaría sin empleo a cerca de 600,000 personas (tan solo en los últimos 4 años los envíos disminuyeron un 22% ante la masiva popularización y tajante practicidad de herramientas como el correo electrónico).
Cada nuevo programa de computadora que se estrena hace básicamente lo que hasta hace poco era tarea de una persona, solo que el primero lo hace de una manera más rápida, barata y efectiva. Y por esta razón la digitalización o la robotización de millones de labores emerge como una tendencia ineludible. Por otro lado los gobernantes afirman, de manera sistemática y en prácticamente todo país, que el gran problema es la falta de empleo, una postura un tanto contradictoria cuando coexiste con la promoción y el financiamiento del desarrollo tecnológico. Y precisamente esto es lo que Douglas Rushkoff, tal vez el más brillante teórico de los medios y un lúcido analista socioeconómico, se ha atrevido a cuestionar en un artículo publicado en CNN y titulado “Are Jobs Obsolete?”. ¿Es en verdad el desempleo un problema fundamental o en realidad se trata de una inercia retórica que ya no necesariamente encaja en la vida contemporánea? 
“Me da miedo siquiera preguntarlo, pero ¿desde cuándo el desempleo se convirtió en un problema? Entiendo que todos queremos nuestro salario, o al menos queremos dinero. Queremos alimento, techo, vestido y todas esas cosas que el dinero puede adquirir. ¿Pero de verdad queremos empleos?”, cuestiona el también profesor de la New York University. 
Parece que el empleo, y no la productividad, se ha convertido en la meta a largo plazo de la estrategia económica de distintos gobiernos, entre ellos el de Estados Unidos (al cual se refiere Rushkoff en su artículo). Si tomamos en cuenta que en el mundo se produce casi el doble de alimentos de lo que los 6 mil millones de habitantes necesitamos, entonces quizá no se trata de que no haya recursos para que todos vivamos, sino que “necesitamos” de un sistema que nos obligue a merecer el sustento que recibimos (algo relativamente absurdo, pues hay millones de personas que trabajan jornadas de hasta 16 horas diarias y apenas ganan para sobrevivir). 
El empleo es un concepto relativamente nuevo. Las personas siempre han trabajado, pero no fue sino hasta el Renacimiento, época en donde surgió el primer anteecente corporativo, cuando las personas trabajaban para sí mismas, ya fuese como carpinteros, pastores o zapateros, intercambiando el fruto de su trabajo por otros bienes y servicios que requerían para vivir. En ese esquema los únicos que veían su riqueza disminuir eran los aristócratas, quienes dependían de sus títulos nobiliarios para obtener dinero a partir del esfuerzo de aquellos que trabajaban. Ante ellos las clases gobernantes recurrieron a un nuevo sistema que obligó a todos estos pequeños trabajadores a ceder su trabajo a industrias que tenían la autorización exclusiva para proveer el mercado y fue así como surgieron los conceptos de empleo y de empleados.  
Al igual que en la era industrial, tiempos durante los cuales miles de personas fueron reemplazadas por máquinas, ahora, en la era digital, se ha desatado un proceso similar: las herramientas digitales aumentan la eficiencia, reemplazan a personas y aumentan las ganancias corporativas. Lo anterior resulta ciertamente negativo para los empleados y los sindicatos, pero ¿es en realidad un fenómeno nocivo para nosotros? A fin de cuentas recordemos que ese es el rol original de las tecnologías: facilitar las labores y procesos productivos de una sociedad. 
“La pregunta que tenemos que comenzar a hacernos no es cómo emplearemos a toda esa gente que es reemplazada por la tecnología, sino cómo podemos organizar una sociedad alrededor de algo más allá del empleo.
Pero en lugar de apostar a un nuevo diseño orientado hacia la cooperación y el bienestar compartido, parece que aquellos que controlan los sistemas que nos rigen prefieren seguir incentivando un modelo basado en un mercado de carencias, dentro del cual se negocian cosas que en realidad existen en abundancia y serían suficientes para todos.
“De lo que carecemos no es de empleo, sino de una forma de distribuir con justicia los bienes que hemos generado a través de nuestras tecnologías y una forma de crear sentido en un mundo que ya ha producido mucho más de lo necesario”. 
A lo largo del último siglo se han probado alternativas al sistema capitalista. Una de las más populares fue el comunismo, dentro del cual los bienes eran distribuidos equitativamente, sin embargo, este no representaba un diseño estimulante, que motivase a la población a producir y colaborar, además de que jamás funcionó, por múltiples razones, como estaba pensado. Del otro lado, el más reciente diseño el capitalismo, el libre mercado, opta por simplemente dejar sufrir a aquellos que no son capaces de capitalizarse, esperar a que se diluyan. Pero como hemos comprobado, este modelo también está lejos de ser funcional y, en cambio, promueve un gran abanico de “anti-valores” como la ambición, la competencia, el clasismo y la frivolidad.   
Y es precisamente dentro de esta búsqueda por generar una nueva alternativa al actual sistema que la era digital ofrece una opción interesante: intercambiar información o, mejor dicho, bits, en lugar de bienes. En esta dinámica el escenario es el hiperespacio, y a través de este podemos proveernos, aportando un valor a nuestro entorno, de aquellas cosas que necesitamos o deseamos. Si aceptáramos que el alimento y el hogar son derechos fundamentales de todo ser humano (existe suficiente de ambas cosas para que a nadie le falte), entonces el resto del trabajo que hiciéramos serviría para adquirir aquellas cosas que no son indispensables para nuestra existencia pero que sin duda la enriquecen. Por cierto, estas labores, como programar un software, generar piezas de comunicación, enseñar a distancia o escribir un libro, se pueden realizar de manera independiente, sin necesidad de convertirte en un empleado de alguien (en especial de las grandes corporaciones).   
Tomando en cuenta todo lo anterior, y luego de hacer conciencia sobre esta acelerada transformación en la que estamos inmersos como sociedad mundial, durante la cual muchos de nuestros pilares socioculturales caerán para no levantarse, sería interesante reflexionar si el concepto de empleo es una de las cosas que en realidad queremos salvar. 
Y para concluir podemos afirmar pocas cosas, pero suficientes para coquetear con la idea de consumar un rediseño de nuestra realidad productiva:
a) El modelo actual no funciona (¿Alguien aún lo duda?).
b) La decisión de explorar nuevos horizontes esta solo en nuestras manos. 
c) Estamos frente a una oportunidad histórica para dar una inédita sacudida a nuestra realidad sociocultural. 
d) La respuesta a este reto está seguramente ligada, en alguna medida, a las herramientas digitales y a nuestra relación con el medioambiente. 
e) Si aspiramos a una vida mejor, compartida, sería bueno que nos apresuráramos a encontrar pronto la mejor alternativa posible. 

jueves, 1 de noviembre de 2012

Tramposos banqueros

Ignacio Ramonet


"Poderoso caballero es Don Dinero” 
Francisco de Quevedo

A aquellos ciudadanos que aún lo ignoraban, la crisis les está demostrando que los mercados financieros son los principales protagonistas del actual momento económico de Europa. Representan un cambio fundamental: el poder ha pasado de los políticos a los especuladores de Bolsa y a una cohorte de tramposos banqueros. 

Cada día, los mercados mueven sumas colosales. Por ejemplo, casi 7 billones de euros, sólo en deudas de los Estados de la eurozona, según el Banco Central Europeo. La decisión colectiva diaria de esos mercados puede ahora derrumbar Gobiernos, dictar políticas y someter a pueblos.

El drama, además, es que estos nuevos “amos del mundo” no sienten ninguna preocupación por el bien común. La solidaridad no es su problema. Menos aún la preservación del Estado de bienestar. La única racionalidad que los motiva es la codicia. Especuladores y banqueros, movidos por la avidez, llegan a comportarse como mafias, con mentalidad de aves de rapiña. Y con una impunidad casi total. 

Desde que, en 2008,  estalló la crisis –en gran parte causada por ellos–, ninguna reforma seria ha conseguido reglamentar los mercados, ni meter en vereda a los banqueros. Y a pesar de todas las críticas formuladas contra la “irracionalidad del sistema”, el comportamiento de muchos actores financieros sigue siendo igual de cínico.

Es evidente que los bancos representan un papel clave en el sistema económico. Y que sus actividades tradicionales –estimular el ahorro, dar crédito a las familias, financiar las empresas, impulsar el comercio– son constructivas. Pero desde la generalización, en los años 1990-2000, del modelo del “banco universal”, que añadió toda clase de actividades especulativas y de inversión, los riesgos para los ahorradores se han multiplicado así como los fraudes, los engaños y los escándalos.

Recordemos, por ejemplo, uno de los más desvergonzados, protagonizado por el poderoso banco de negocios estadounidense Goldman Sachs que hoy domina el universo financiero. En 2001, ayudó a Grecia a maquillar sus cuentas para que Atenas cumpliese los requisitos y pudiese ingresar en el euro, la moneda única europea. Pero en menos de siete años, aquella fullería se descubrió y la realidad estalló como una bomba. Consecuencia: “Casi un continente sumido en la crisis de la deuda; un país, Grecia, expoliado y de rodillas; recesión, despidos masivos, pérdida de poder adquisitivo para los trabajadores; reestructuraciones y sacrificios de los beneficios sociales; planes de ajuste y miseria” (1). 

¿Qué sanciones recibieron los autores de tan nefasto engaño? Mario Draghi, ex vicepresidente de Goldman Sachs para Europa, al corriente por tanto del fraude, fue premiado con la presidencia del Banco Central Europeo (BCE)… Y Goldman Sachs cobró en recompensa, por el maquillaje de las cuentas, 600 millones de euros… Confirmando así un principio: en materia de grandes estafas organizadas por los bancos, la impunidad es la regla. 

Lo pueden confirmar los miles de ahorradores españoles que compraron acciones de Bankia el día en que esta entidad salió a Bolsa. Se sabía que no tenía ninguna credibilidad y que el valor de su acción, según las agencias de calificación, ya estaba a un paso del bono basura…

Los ahorradores confiaron en Rodrigo Rato, presidente entonces de Bankia y ex director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), quien no dudó en afirmar el 2 de mayo de 2012 (cinco días antes de dimitir ante la presión de los mercados y poco antes de que el Estado tuviese que inyectar en la ­entidad 23.500 millones de euros para evitar su quiebra): “Estamos en una situación de mucha robustez desde el punto de vista de solvencia y también desde el punto de vista de liquidez” (2)… 

Cierto es que, menos de un año antes, en julio de 2011, Bankia había superado aparentemente las “pruebas de resistencia” realizadas por la European Banking Authority (EBA) a las 91 mayores entidades financieras de Europa. Bankia había obtenido un Core Tier I Capital (capital de máxima resistencia) del 5,4% (3), frente a un mínimo exigido del 5% en una situación de máximo estrés. Lo cual da una idea de la incompetencia e ineptitud de la EBA, organismo europeo encargado de garantizar la solidez de nuestros bancos…

Otras personas que pueden testimoniar sobre la desfachatez de los banqueros son las víctimas, en España, del “escándalo de las participaciones preferentes”. Un fraude que afecta a más de 700.000 ahorradores que han perdido sus economías. Se les hizo creer que adquirían algo parecido a un depósito a plazo fijo… Pero las participaciones preferentes son un producto financiero que no está cubierto por el fondo de garantía de los bancos. Éstos no están obligados –si no poseen liquidez– a devolver el capital inicial, ni los intereses generados.

Este timo también ha revelado que los ahorradores españoles víctimas de engaños bancarios no pueden contar con la protección del Banco de España o de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) (4). Ni, obviamente, con la del Gobierno que sigue ayudando masivamente a la banca mientras su política de recortes y austeridad castiga en permanencia a la ciudadanía. Para ayudar al sistema bancario español, Mariano Rajoy solicitó a la Unión Europea un crédito de hasta 100.000 millones de euros. Entretanto, los bancos españoles siguen favoreciendo la huida masiva de capitales… Se estima que, hasta septiembre pasado, 220 000 millones de euros se habían fugado oficialmente de España (5) … Una suma más de dos veces superior al crédito solicitado a Europa para salvar el sistema bancario español… 

Pero no terminan aquí los escándalos. Podríamos recordar que, estos últimos meses, los fraudes bancarios no han cesado. El banco HSBC fue acusado de blanquear el dinero de la droga y de los narcotraficantes mexicanos. El JP Morgan se lanzó a especulaciones desmedidas asumiendo inauditos riesgos que le acarrearon pérdidas de 7.500 millones de euros, arruinando a decenas de clientes. Igual le sucedió a Knight Capital que perdió más de 323 millones de euros en una sola noche a causa de un error de un programa informático de especulación automática por ordenador…

Pero el escándalo que más está irritando, a escala mundial, es el del Libor. ¿De qué se trata? La Asociación de Banqueros Británicos propone cada día un tipo interbancario llamado “London interbank offered rate” o  Libor por sus siglas en inglés. El cálculo de esa tasa lo realiza la agencia Reuters la cual, diariamente, pregunta a dieciséis grandes bancos a qué tipo de interés están obteniendo créditos. Y establece una media. Como es el tipo al que se prestan dinero los principales bancos entre ellos, el Libor se convierte en una referencia fundamental de todo el sistema financiero mundial. En particular, sirve para determinar, por ejemplo, los tipos de las hipotecas de las familias. En la zona euro, el equivalente del Libor se llama Euribor y se calcula sobre la base de la actividad de unos sesenta grandes bancos. En el mundo, el Libor influye sobre unos 350 billones de euros de créditos… Cualquier variación –por mínima que sea– de ese tipo puede tener una incidencia colosal.

¿En qué consistió el fraude? Varios bancos (de los que sirven de referencia para establecer el Libor) se concertaron entre ellos y decidieron mentir sobre sus tipos, manipulando de ese modo el Libor y todos los contratos derivados, o sea los créditos a los hogares y a las empresas. Y eso durante años.

Las investigaciones han demostrado que una decena de grandes bancos internacionales –Barclays, Citigroup, JP Morgan Chase, Bank of America, Deutsche Bank, HSBC, Crédit Suisse, UBS (Union des Banques Suisses), Société Générale, Crédit Agricole, Royal Bank of Scotland– se organizaron para manipular el Libor.

Este enorme escándalo demuestra que la delincuencia se halla en el corazón mismo de las finanzas internacionales. Y que, probablemente, millones de familias pagaron sus hipotecas a unas tasas indebidas. Muchas tuvieron que renunciar a sus viviendas. Otras fueron expulsadas de ellas por no poder pagar unos créditos artificialmente manipulados (6)… Una vez más, las autoridades encargadas de velar por el buen funcionamiento de los mercados hicieron la vista gorda. Nadie ha sido sancionado, aparte de cuatro compinches (7). Todos los bancos implicados siguen haciendo negocios.

¿Hasta cuándo las democracias podrán soportar esa impunidad? En 1932, en Estados Unidos, Ferdinand Pecora, un hijo de emigrantes italianos que llegó a ser fiscal de Nueva York, fue nombrado por el presidente Herbert Hoover para investigar la responsabilidad de los bancos en las causas de la crisis de 1929. Su informe fue abrumador. Propuso el término de “banksters” para calificar a los “banqueros gángsteres”. Sobre la base de ese informe, el presidente Franklin D. Roosevelt decidió proteger a los ciudadanos de los riesgos de la especulación. Sancionó a toda la banca imponiéndole el “Glass-Steagal Act” y estableciendo (hasta 1999) una incompatibilidad entre dos tipos de actividades: los bancos de  depósitos y los bancos de inversión. ¿Qué gobierno europeo de la zona euro tomará una decisión semejante? 


(1) Eduardo Febbro, “El gran truco que usó Goldman Sachs con Grecia”, Página 12, Buenos Aires, 13 de marzo de 2012.
(2) El País, Madrid, 2 de mayo de 2012.
(3) Basándose en ese deplorable informe, algunos ‘analistas’ afirmaban –¡hace apenas quince meses!–  que el sistema bancario español figuraba entre “los más sólidos del mundo”… He aquí, por ejemplo, lo que escribía un ‘diario de referencia’: “De hecho, los grandes bancos españoles superan holgadamente los requisitos de capital exigidos para resistir un hipotético deterioro extremo de la economía durante los próximos dos años” (El País, Madrid,15 de julio de 2011).
(4) Varias asociaciones han puesto a disposición de las víctimas su gabinete juridico. Consúltese, por ejemplo: la Asociación de Usuarios de Bancos, Seguros y Cajas de Ahorro (ADICAE) (adicae.net), y la Unión de Consumidores de España (www.uniondeconsumidores.info).
(5) Cinco días, Madrid, 21 de octubre de 2012.
(6) En España, país que tiene la ley más brutal en la materia, desde que se inició la crisis en 2008, más de 400.000 desahucios –es decir, desalojos a la fuerza de viviendas o locales–, han sido ordenados por los jueces.
(7) El banco Barclays  fue condenado a una multa de 365 millones de euros. Despidió a su presidente, Marcus Agius. Su Consejero Delegado, Bob Diamond, uno de los responsables de la manipulación del Libor, dimitió… a cambio de una indemnización de aproximadamente 2,5 millones de euros.