viernes, 12 de octubre de 2012

¿Quién financia a un ornitorrinco?

  /El País

Un ornitorrinco es un mamífero del tamaño de un conejo y con boca de pato que se alimenta de larvas, insectos y pececillos. Además vive en Australia. Ese animal tan raro le ha servido al escritor Juan Villoro para definir la naturaleza heterodoxa de la crónica, un género periodístico con boca de conejo y tamaño de pato que abunda en América Latina. Tiene según él la subjetividad de la novela y su capacidad de narrar, la veracidad del reportaje, el sentido dramático y circular del cuento, el juego de preguntas y respuestas de la entrevista, la variedad de voces del teatro, la primera persona de la autobiografía y el potencial del ensayo para argumentar y para asociar conocimientos.

En México DF la Fundación Gabriel García Márquez ha celebrado esta semana el Encuentro Nuevos Cronistas de Indias 2, un foro que ha reunido a más de 80 reporteros y editores de Iberoamérica para hablar del ornitorrinco del periodismo, la crónica, sobre su esencia híbrida y sobre el paradójico estado en que se encuentra, a medias entre el prestigio cultural y la mendicidad editorial.
Durante los dos primeros días de la cita, que se cierra este viernes –en Twitter se ha podido seguir con la clave #nuevoscronistas y el material cosechado se podrá leer en la web www.cronistas.fnpi.org–, se trató a menudo de definir la crónica. “No es ficción o es ficción o es las dos cosas”, dijo la periodista Elena Poniatowska. El reportero estadounidense Jon Lee Anderson opinó que es “un abárcalotodo que quizás solo se distingue porque transcurre el tiempo a través de ella”. Fernando de Barros, director de la revista brasileña Piauí, la explicó como una manera de hacer periodismo serio y al mismo tiempo “gostosa”. Guillermo Osorno, editor de la revista Gatopardo, consideró que es un combinado de “información, contexto y textura”. El español Alfonso Armada, que dirige el medio digital Fronterad, dijo que consiste en contar el mundo lo mejor posible e ir entreteniéndose mientras no llega la muerte.

También se debatió una de las dudas que genera la extraña constitución de la crónica: si el cuidado de la forma, escribir bien un texto, puede despistar al periodista del objetivo de fondo de transmitir información importante para la sociedad. El editor de la revista peruana Etiqueta Negra, Julio Villanueva Chang, despachó como algo “accesorio” la controversia sobre la supuesta tensión entre lo literario y lo informativo.
“Pasamos casi tanto tiempo escribiendo crónica como definiéndola”, comentó el periodista argentino Martín Caparrós.
Sobre los temas que se tocan o que se dejan de lado en las crónicas actuales, Poniatowska criticó que no se escribe de mujeres, y dijo que le gustaría poder leer sobre la vida de los narcotraficantes, más que de de sus líos de negocios ilícitos o de sus masacres, sin quitar importancia a este lado de la información criminal. Esta semana se anunció en México la muerte del segundo delincuente más buscado del país, Heriberto Lazcano, jefe de Los Zetas, y el robo posterior de su cadáver de una funeraria. A Poniatowska le gustaría saber cómo era el narco cuyo cuerpo inerte está en busca y captura. Un joven mexicano del equipo de montaje de una sala del congreso le comentó al reportero de EL PAÍS que a él le gustaría saber si Lazcano, el líder de un grupo criminal cuya tarjeta de presentación son las cabezas decapitadas de sus rivales, estaba enamorado de alguien antes de morir –o antes de convertirse en un muerto en fuga–. En el foro se destacaron otras lagunas temáticas como la ausencia de una narración de los engranajes escondidos del poder en Latinoamérica o la dificultad de encontrar cronistas con capacidad e interés por escribir sobre política o economía sin aburrir a los lectores.

El congreso de la fundación de García Márquez es el colofón de un año de cierto auge del periodismo narrativo. En 2012 se publicaron las compilaciones Antología de la crónica latinoamericana actual (Alfaguara) y Mejor que ficción (Anagrama). Pero al mismo tiempo que la crónica gana prestigio en la cultura de América Latina, los espacios para publicar y las retribuciones no crecen de la misma manera. “Es más probable que un editor te pida un texto de 10.000 caracteres sobre el momento de la crónica que una crónica de 10.000 caracteres”, dijo Caparrós. El redactor jefe de Letras Libres, Ricardo Cayuela, aseguró que es más fácil hacer un foro de cronistas que encargar una crónica y pagarla. Esa es la cuestión que deja en el aire el Encuentro de Nuevos Cronistas. ¿Quién financia a un ornitorrinco?

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